GESCHREVEN DOOR

Laia Jufresa (ES)
VERTAALD DOOR

Heleen Oomen (NL)

Annie McDermott (GB)
2: zicht es vista
14 November 2014
Desde mi última crónica, mi mamá llamó para decir que era broma. Lo de la maleta. Era broma. Además, dejé Madrid y desperté en Amsterdam por primera vez en doce años. Antes de salir a desayunar, googlé: best cofeeshops in Amsterdam. Error de principiante. Y sobreviví a las bicicletas. No es algo trivial cuando caminas sin mirar a dónde vas porque tienes los ojos clavados en una ventana y la siguiente y la siguiente.
Pero mi voyeurismo (y el de todos ustedes) es diminuto junto al multimillonario y multiesperado atisbo que tuvimos hoy del cometa 67P gracias a que el robot Philae aterrizó ayer allí: a más de 500 millones de kilómetros de aquí. Dicen que rebotó tres veces antes de encajarse en un acantilado.
El acantilado disgusta a los científicos porque su sombra estropea las fotos. Pero quizá Philae se siente más protegido así. Si yo fuera a pasar el resto de mis días a 500 millones de kilómetros de la tierra, me gustaría sentirme un poco al abrigo, y no en un espacio abierto, a merced de todos esos polvos estelares. Sobre todo desde que hoy, en las Border Sessions, aprendí que el polvo del espacio exterior es spiky and vicious.
Las Border Sessions fueron dos días de conferencias sobre tecnología, previos al festival Crossing Border. Alcancé a ver tres de las cincuenta que hubo. Una sobre el nuevo traje espacial que está diseñando NASA. Otra sobre la carne in vitro. La tercera sobre el hombre renacentista contemporáneo (o algo así).
En un video, un astronauta en la luna hace malabares. Intenta no caer, rebota, parece muy torpe. Finalmente, el conferencista nos explica: se le cayó algo. Eso es todo. Se le cayó una bolsa y pasa muchos minutos intentando recogerla. Un astronauta, en óptima condición física. Tres veces la levanta y vuelve a perderla. Movilidad, es lo que no tenían los trajes del Apollo 16. Para mejorarla, están produciendo nuevos materiales: más resistentes y ligeros. Hay que reducir la masa. Por cada kilo que envías al espacio, necesitas poner veinte kilos en órbita, e invertir muchos, muchos miles de dólares. Cada gramo ahorrado cuenta.
Pero si el espacio no le atrae, considere la carne in vitro. Ya se está haciendo. Todavía no parece bistec, pero ya sabe más a res que a tofu. Y allí también cada gramo es carísimo. La primera hamburguesa tomó dos años y costó 250,000 euros. Ayer Koert van Mensvoort presentó su inventivo The In Vitro Cook Book, con 45 recetas que aún no se pueden cocinar.
De la sesión renacentista, me quedo con una frase de Auke Ferwerda: The only sensible outcome of data is insight. A mi abuela interior le encantó. Qué sensible muchacho, me dijo. Y también: ¿No deberías pedirle lo mismo a tu trabajo?
No. No lo sé. Espero que no. ¿Tal vez sí? Sería paralizador, escribir con la ambición de revelar algo.
No hay una palabra en español para insight. En holandés es inzicht. Zicht es vista. En-vista. Tal vez, abuela, si lo pensamos como una traducción literal, sí. Escribir por voyeurismo. Con la única meta de pintar para el otro una serie de ventanas extranjeras, sin cortinas, a las que no resista asomarse.
El experto de NASA nos aseguró que no mandamos gente al espacio para que trabajen, sino para expandir nuestro sentido de lo posible. Puede ser. Pero ¿no es también, simplemente, por chismosos? Por el selfie de Philae. Porque todos queremos asomarnos, espiar, comparar. Queremos ver. Ver más. Podríamos tatuárnoslo: zicht gezotch.

























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