GESCHREVEN DOOR

Laia Jufresa (ES)
VERTAALD DOOR

Annie McDermott (GB)

Heleen Oomen (NL)
4: Voortzetting es continuar
17 November 2014
En Amsterdam, fui a ver la exposición de Vivian Maier. También visité el museo Van Gogh. Después de la primera nube de entusiasmos (en donde le puse Vivian y Vincent a mis hijos hipotéticos) apareció, obligada, la pregunta del reconocimiento. Obligada porque ambos -enormes y, hoy, admiradísimos- murieron sin haber sido reconocidos propiamente en vida.
Me pasé todo el tren Amsterdam-La Haya preguntándome: ¿qué tanto te importa el reconocimiento y por qué y de qué tipo lo deseas, y en un mundo ideal qué significa para tí ser reconocida? ¿Y en el mundo real?
Siempre que pienso en esto, desde que empecé a escribir hace quince años, llego a la misma conclusión sin florituras: Me importa, por supuesto, pero me importa mucho más seguir escribiendo.
Vivian Maier murió de un golpe en la cabeza. Se resbaló caminando sobre el hielo. No es una tragedia. Al contrario: tenía 83 años y aún caminaba sobre el hielo con tal de -me gusta pensar, no tengo pruebas- tomar una fotografía más. Una más. Siempre una más. Para mí es eso lo importante: no sentarte en tus laureles, no soltar la rienda. Seguir, pulir, volver a empezar.
Y sin embargo no sé, no creo, que yo hubiera podido vivir como ella, acumulando todo en el cajón, sin jamás mostrarlo. La respeto, pero no comparto la inclinación de guardarme para mí lo que hago. Es demasiado rico compartirlo, ayer lo comprobamos.
En uno de sus vídeos encontrados, Maier afirmó: Tenemos que dejar sitio a los demás. Esto es una rueda, te subes y llegas al final, alguien más tiene tu misma oportunidad y ocupa tu lugar, hasta el final, una vez más, siempre igual. Nada nuevo bajo el sol.
Esta rueda de The Chronicles, como todas, seguirá girando sin nosotros. Otros vendrán el próximo año y nuevas lenguas invadirán los extraños pasillos subterráneos que conectan los dos teatros. Habrá dialectos y malos entendidos, erres que se enredan distinto, jotas que se suavizan o endurecen según las latitudes, tildes sin referente en otras lengua, giros intraducibles, guiños complejos, inclinaciones, declinaciones, suposiciones. Los que nos vamos nos llevamos amistades, palabras en dutch que intentaremos no olvidar (hagelslag!) y la feliz experiencia de haber compartido varios textos y un escenario.
Anoche, los siete traductores y cuatro autores leímos y contestamos preguntas en una sala llamada Heaven. Está situada en el séptimo y último piso del Teatro Real de La Haya. Por una hora una pequeña torre de Babel. Luego, todo había terminado y todavía estábamos bajándonos del escenario cuando empezaron a armar una batería para el concierto que seguía. (La imagen me gusta para describir este festival: el modo en que literatura y música comparten plataforma, sucediéndose en una vertiginosa carrera de relevos).
Lo que viví anoche pertenece sin duda a una rama del reconocimiento que sí deseo. Es grato ver el trabajo de tus pares y sentir el respeto creciéndote por dentro. Me pasó con los traductores y también con los autores. Me sorprendieron la prosa potente de Bregje Hofstede, el humor agudo de Vea Kaiser, el ritmo impecable de Guillaume Vissac.
Viéndolos leer su trabajo pensé en esta frase que había recortado en algún momento de esta larga semana: One remarkable image taken by the mothership Rosetta shows Philae as a tiny speck, headed for history. “Allá van…”, nos dijimos la abuela interior y yo, impresionadas, conmovidas.
Tengan buen camino y fructuosas páginas, compañeros, no nos perdamos de vista: voortzetting gezocht.

























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