GESCHREVEN DOOR

Munir Hachemi (ES)
VERTAALD DOOR

Fleur Jeras (NL)
munir blog 2
06 November 2020
Algunos teóricos –esa especie cuyo mayor valor es el de mostrarnos, con sus afirmaciones, los caminos equivocados– preconizaron hace ya algunos puñados de años que el género novelístico (cuyo mayor representante sería lo que entonces se llamaba novela total) agonizaba en un ecosistema signado por el avance inexorable del capitalismo postindustrial. En su opinión estábamos por asistir al auge de otra cosa, de algo radicalmente nuevo (y la radical novedad, que es o bien imposible o bien ilegible, también es un slogan del tardocapitalismo) que había llegado para quedarse: los libros de microrrelatos.
Desde el presente en el que escribo la única actitud posible ante esas afirmaciones es la sorpresa. Occidente arrastra la preponderancia de la novela desde, al menos, el Renacimiento. Tratar de ver antes que nadie un giro contemporáneo similar al que desplazó, por ejemplo, el género del diálogo al de la novela moderna pasa por dar por hecho que estamos inmersos en un cambio de episteme análogo al de los siglos XV y XVI; yo lo dudo. Hoy la novela sigue gozando de una salud de hierro. Patria[1], de Fernando Aramburu, es un mamotreto de más de 600 páginas que copa varias listas de best-seller. Hace poco una amiga me decía: «para firmar con un agente tienes que llegar con una novela debajo del brazo; no vale un libro de cuentos».
El fenómeno no es nuevo. Ya Borges se rebeló en piezas de 10 páginas que quedarán como las más perfectas muestras de literatura del siglo XX. De Cortázar recordamos Rayuela y olvidamos puntualmente sus relatos; nadie sabe quiénes son grandes autores como Felisberto o Macedonio fuera del Río de la Plata. En cuanto a Rulfo, pocos han oído hablar de El llano en llamas; es un one-shot, un escritor sin proyecto. Hablamos de los más grandes nombres de la narrativa del siglo XX. Hoy en día el engranaje sigue operando: los lectores de Enríquez o Schweblin suspiran aliviados al enterarse de que por fin sacaron una novela (con mayor o menor suerte según el caso, pero en ambos casos una novela larga, nada de una nouvelle).
La consagración en narrativa, entonces, proviene de un solo género. Los augures del microrrelato afirmaban que ya en 2020 sólo leeríamos aquello que se pudiera dejar en la mesita de noche para picotear, aquello que cupiera en un tuit o entre dos estaciones de metro o autobús. Nada más lejos. La gente porta con orgullo y escoliosis los volúmenes de los nombres más egregios de ‘nuestra’ literatura. Es posible que, como toda profecía, termine por cumplirse con el curso de los milenios; nos sirve, como decía al principio, para hallar, por descarte, un camino por el que pensar. Y es que la consagración en novela parece haberse especializado, al menos en los autores patrios: o es, en un sentido decimonónico, una expresión de lo más profundo de la subjetividad humana; o se trata de un testimonio esencial y privilegiado de un aspecto determinado de la realidad social. Podemos retomar Patria, por ejemplo –aunque bien nos valdrían (mutatis mutandis, claro) Lectura fácil o La lección de anatomía– y Ordesa, de Manuel Vilas, compañero en el festival Crossing Borders. En el segundo caso nos hallamos ante una forma modulada, mediante procedimientos literarios, del género testimonial, es decir de la experiencia individual. En el primero, en cambio, hablamos de la narración de una experiencia colectiva, los años de ETA, las matanzas de ETA, el terror en la sociedad vasca, etcétera. Esta salida es, sin duda, más preocupante: si el narrador contemporáneo es un narrador ‘de Estado’ (frente al ‘nómada’ de Deleuze y Guattari) que debe poner negro sobre blanco no ya la identidad nacional sino la experiencia colectiva… ¿qué lugar queda para la literatura? ¿Cuál para la irrupción de lo imaginario? ¿Debemos buscar, una vez más, en América las preguntas correctas que nos saquen del atolladero?
[1] Es el momento de confesar, antes de que alguien se llame a engaño, que no he leído Patria ni me parece necesario para los propósitos de este artículo (que, la verdad, no tengo muy claro cuáles son).
























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